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ORÍGENES DEL PERFUME 


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El perfume, como indica su etimología del latín “per fumum” -a través del humo-, es la combinación de distintas sustancias provistas de olor suave y agradable al olfato.

En la antigüedad, se empleó para fumigación mediante la quema de leña o de resinas odoríficas (sándalo, ciprés, incienso, etc.), y en este sentido constituyó un elemento fundamental del ritual religioso de muchos pueblos. Sin embargo, en su acepción moderna de mezcla olorosa, el perfume tiene también un origen muy remoto, ya que, conocido por los egipcios y otros pueblos orientales, fue utilizado después por griegos y romanos. En Roma, principalmente en la época imperial, el uso del perfume alcanzó mucha difusión no sólo se rociaba con él los hombres y las mujeres, sino que se empleaba para todo; incluso las tazas para el vino estaban fabricadas con material perfumado.

Rechazado durante la Edad Media a causa de la austeridad de las costumbres cristianas, el perfume recibió otra vez un fuerte impulso cuando el cambio de las condiciones económicas permitió que se iniciara un próspero comercio con Oriente, de donde provenían las esencias más cotizadas. Durante el Renacimiento el uso del perfume se propagó de nuevo, hasta tal punto que al celebrarse alguna fiesta se acostumbraba frotar con ungüentos perfumados los objetos de la casa e incluso los animales. Italia estuvo a la vanguardia de la producción de perfume, los cuales exportaba a Francia y a Inglaterra hasta el siglo XVII inclusive. A finales de dicha centuria entró en competencia la producción de perfumes franceses que, con el transcurso del tiempo, alcanzaron prestigio internacional, sólidamente mantenido hasta hoy.

 

Una tenue transformación

Ante todo el perfume es un compuesto de olores, más o menos complejo y armonioso. Su base casi siempre es de alcohol, acompañado con cuerpos y esencias aromáticas, de origen vegetal, animal o sintético, y de productos químicos para estabilizar la mezcla. Estrictamente, lo que se llama "parfum" es una mezcla con la esencia al 10%, que hoy en día se usa menos el "eau de toilette", mezclada solamente al 5%.

Cada uno piensa primero en los olores vegetales como constituyentes de la esencia básica. 

En efecto las plantas aromáticas, usadas desde los tiempos más remotos, son las primeras en constituir la "nota de fondo" de un perfume. 

Los procesos de maceración, de destilación o de codestilación han logrado un alto grado de sofisticación, que permite extraer la esencia olorosa de cualquier vegetal. El olor en si puede encontrarse en varios sitios: en la hoja como en el caso de la menta, en la corteza como para la canela, en los pétalos de una flor como la violeta, en la misma madera del cedro o en las raíces del lirio. También se encuentra en la cáscara de frutas como el limón, o bajo la forma de una goma resinosa, tal como se presenta el alcanfor.
Las flores indudablemente son las reinas de los perfumes entre ellas se encuentran a menudo el jazmín, el clavel, el lirio, el Ylang-Ylang o el narciso, la violeta, la tuberosa, y desde luego la mayor de todas, la rosa. Su delicada destilación tan delicadas se desarrolla sobre todo en Turquía, Bulgaria, India y Siria.

Sin embargo los olores vegetales no se limitan al aroma de las flores: las frutas están tan presentes como ellas, y permiten en general perfeccionar una "nota de cabeza" añadiendo sus olores especiales. Es el caso en particular de los cítricos, el limón, la naranja, la mandarina, algunos perfumes más dulces se acompañan a menudo de notas de manzana, de melocotón o de albaricoque.

No olvidemos tampoco estos acentos de canela, de clavo y de nuez moscada, de bergamota, de musgo de roble, de lavanda, de pachulí, etcétera… Mil extractos vegetales, mil olores peculiares que le dan al perfume toda su personalidad.

Aunque menos conocidas, son muy importantes las esencias de origen animal que entran en la composición de un perfume, dándole al perfume una nota de sensualidad y actuando como "fijadores" del perfume. Hoy en día estos componentes son productos de síntesis, proviniendo de reacciones químicas elaboradas, y sin vínculo alguno con las sustancias animales originarias. Cuatro de ellas ocupan un sitio relevante: el almizcle, la algalia, el castóreo y el ámbar gris.

El almizcle es una secreción de las glándulas de un ciervo de Asia central, el ciervo almizclero. Poco a poco se ha descubierto que también el buey almizclero, la rata almizclera y el caimán de Florida secretaban esta misma sustancia. Hoy en día es un producto de síntesis que interviene como "fijador" del perfume y para dar al perfume una tonalidad suave y penetrante.

La algalia, en cambio guarda su aroma fuerte y natural cuando se usa en perfumería. Originariamente, se extraía de una glándula del animal de mismo nombre, que pertenece a la familia de los felinos. Hoy en día se produce químicamente. El profesor Ruzicka, premio Nobel de química, logró su síntesis en el 1928, poco después de descubrir nuevos almizcles sintéticos más baratos.

El castóreo, como lo indica su nombre,, tiene su origen en el castor canadiense, más precisamente en sus glándulas perineales. Existe una recomposición sintética de este producto, que no disminuye sus méritos como fijador del perfume con olor fuerte y amargo.

El ámbar gris, denominado durante mucho tiempo "el oro negro del mar". Es una sustancia pegajosa parecida a la cera que se encuentra flotando sobre el agua en mares tropicales; se compone de los elementos no digeridos por el estómago de los cachalotes. Su síntesis química es uno de los mejores fijadores de fragancia que se usan.
Más allá de las sustancias vegetales y animales, desde más de un siglo se han desarrollado mucho los productos de síntesis, procedentes de la investigación en química orgánica. Ofrecen una amplia gama de olores encontrados en la naturaleza o no y enriquecen el abanico del perfumista. Hay que subrayar el papel de los laboratorios de Grasse, el tradicional centro del perfume del sureste de Francia. Todos nos acordamos que es allí donde Patrick Süskind situaba la acción de su magnífica novela "El Perfume", publicada en el 1986.

"Es con la química con la que habrá que contar para encontrar nuevos cuerpos con los cuales se parirán notas originales. Sí, el futuro del perfume se encuentra sobre todo en manos de la química": así hablaba en 1952 Ernest Beaux, el famoso creador del Nº5 de Chanel, que fue el primero en utilizar aldehídos, estos compuestos químicos son el futuro de la perfumera. Nadie antes del 1921 se había arriesgado a usarlos, aunque fueran descubiertos tiempo atrás.

 

 

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